domingo, 10 de marzo de 2013

Un cambio.

Ella era una escéptica por naturaleza, creía única y exclusivamente en lo que veía. Pero eso iba a cambiar: por una razón u otra, tenía que cambiar.

Siempre había sido una buena niña, con excelentes notas, obediente, dedicada a ayudar a los demás y sin encontrar tiempo para ella misma. A medida que pasaba el tiempo, sus defectos la iban hundiendo más y más. Sí, sabía que nadie era perfecto, pero ella se veía un completo desastre. Sobraba.
A pesar de que por dentro no se sentía demasiado bien y en casa las cosas habían cambiado un poco, seguramente por un descenso en sus notas, ella seguía igual de cara a los demás. Adoraba agradar al resto siempre que pudiera. Cada vez soportaba más. Intentó refugiarse en la música, esa que sus compañeros criticaban, y no siempre daba resultado.
Un día, sin saber escoger una razón concreta, más bien por las cosas que se habían acumulado con el tiempo, cayó en picado.
No se sentía querida. No sentía nada.

Y en el momento preciso, apareció para salvarla aquella que menos esperaba. Desde que la conocía, aunque estuviesen a más de mil kilómetros, supo que era especial, como ella.
Aunque las dos lo pasaran mal, se ayudaban mutuamente, por muchos obstáculos que intentaran interponerse. Se convirtió en más que una mejor amiga, una hermana. Le había dejado una huella tan profunda y fuerte que ni el tiempo podría borrarla, jamás olvidaría todo lo que hizo por ella.

Lo peor era que tampoco se valoraba, cosa que ella no entendía, porque la veía como si fuese mil veces mejor.
Gracias a su ángel, la que la cuidaba desde la distancia, comenzó a ver que no era tan horrible como pensaba, que no era inútil, que ser diferente no era malo. Muy poco a poco, iba cambiando la opinión que tenía sobre sí misma.
En unos meses, se habían convertido en inseparables, aunque físicamente nunca hubiesen estado juntas.
Ella ya había perdido la cuenta de los abrazos y los miles de "gracias" que le debía, por haberla salvado.
Como se suele decir, las personas no se encuentran dos veces, y había momentos en los que tenía miedo de perderla, pues había supuesto el cambio más grande de su vida.

Nunca hubiese pensado que el destino pudiese haberlas juntado, pero no había otra explicación. Y poco a poco, empezó a creer en cosas que jamás se hubiera planteado.




Prometió que iba a estar ahí siempre. Ella también lo estaría.




"Gracias por cambiarme la vida."